Un perro caminó de Palermo a Temperley para volver a su viejo hogar

La familia se había mudado a la Capital Federal y el animal se dirigió al sur del Conurbano.

El instinto es una reacción espontánea en el comportamiento de un animal. “Boy”, un perro mestizo de siete años caminó de Palermo a Temperley Oeste sólo para volver a su antigua casa.

Elizabeth Mac Lean, su dueña, aún no logra entender cómo hizo su pequeño amigo para conocer el camino: “Traje a Boy a mi departamento de Palermo el 8 de agosto, él no conoce muy bien la zona así que no tengo explicación para lo que pasó”.

El pasado lunes 20, su marido sacó a pasear al perro por Bustamante y Avenida Libertador, cuando le saltó la correa y Boy salió corriendo. Desesperado, el hombre llamó a Elizabeth y le contó lo sucedido. “Empapelé todo Barrio Norte con su foto, estaba desesperada. Una amiga me jodió y me dijo ‘mirá si volvió a Temperley’, en ese momento me pareció una locura y me reí”.

La mamá de Elizabeth, Heidy, adoptó a Boy de la calle hace siete años, cuando era un cachorrito. “Para ella los perros siempre fueron lo más, en ese momento ya tenía otro y también un gato. Cuando lo vio a Boy, primero lo dejó entrar al jardín delantero donde le daba de comer, hasta que un día finalmente formó parte de la familia”, recordó.

El nuevo integrante dormía en el dormitorio de sus padres debajo de la cama y siempre fue un “malcriado”. Cuando su madre murió, en 2017, y la casa quedó vacía Elizabeth, quien ya vivía en Palermo, iba seguido para darle de comer a los animales.

Elizabeth siente un gran amor por su perro mestizo y su desaparición le causó un gran dolor. Luego de días de búsqueda y sin intención de encontrar la respuesta que quería, decidió llamar a una vecina de Temperley para advertirle que Boy había escapado y preguntarle si lo había visto por la zona: “En ese momento me dijo que no, pero el sábado me llamó y me dijo que estaba en la puerta de la casa de mi mamá. Como están los albañiles haciendo arreglos lo dejaron entrar. No lo podía creer”.

Sin dudarlo, se dirigió hasta la zona sur del conurbano bonaerense y, efectivamente, allí estaba Boy. Elizabeth contó que corrió a abrazarlo y que “lloró la vida” cuando lo vio. Lo que más le sorprendió es que luego de caminar aproximadamente 27 kilómetros, no tenía ni una lastimadura.

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